A medida que reflexionamos sobre 2011 y levantamos la vista hacia 2012 durante estas vacaciones, es difícil dar la espalda a las malas noticias.
Con la economía mundial todavía luchando por recobrar el equilibrio y las políticas partidistas ralentizando el verdadero avance, sin duda es una época propicia para caer en el pesimismo.
Sin embargo, aunque soy el primero en admitir los retos de trabajar en cuestiones de desarrollo dada la situación actual, también es importante hacer un balance de algunos de los increíbles logros de 2011 y reconocer las posibilidades de ganar mayor impulso en el futuro.
En estas vacaciones de Navidad, hay cinco motivos para echar la vista atrás, al 2011, y mirar hacia delante, al 2012, con una actitud muy optimista.
El progreso. Hoy en día, más de 5 millones de personas reciben tratamiento para el sida en algunas de las zonas más pobres del mundo. A raíz de un informe reciente de la OMS, hemos conocido que las muertes a causa de la malaria se han reducido en todo el mundo un 25% desde 2000, y un 33% en el continente africano. Además, la tasa de supervivencia infantil se ha incrementado todos los años desde 1960. Avanzamos de forma constante en varios frentes.
Gracias a los avances en tecnología es posible abordar retos en materia de salud y desarrollo que antes se consideraban simplemente una forma de vida para millones de personas que viven en países pobres. Por ejemplo, las nuevas vacunas. Solamente este año, las nuevas vacunas contra las dos peores enfermedades de niños, la diarrea y el neumococo, se introdujeron en países de toda África y en Sudamérica. Y la financiación de estos milagros de la modernidad se ha conseguido gracias al valiente liderazgo del Gobierno del Reino Unido, el cual arengó a otros Gobiernos donantes durante meses para que acordaran compromisos de varios años con GAVI que garantizarán la salvación de otros 5 millones de vidas en los próximos cinco años.
El siguiente motivo por el que soy optimista es la aparición de un nuevo grupo de participantes. Me refiero a los países que cambiarán la forma de pensar sobre el desarrollo en el futuro, como China, Brasil, India y Corea. Muchos de estos países, en su día receptores de ayudas, se han convertido en nuevos donantes, por lo que aportarán visiones y enfoques excepcionales además de sus talonarios de cheques. Y ya somos testigos de esta realidad: Brasil está colaborando con Japón para ayudar a los agricultores pobres de Mozambique a cultivar soja. China, que quizás cuenta con el mayor programa de investigación en arroz del mundo, ha implantado recientemente el proyecto “Green Super Rice”, una asociación con varios centros mundiales de investigación, con miras a desarrollar variedades adaptadas de arroz con 15 países pobres de África y el sur de Asia.
El sector privado. El aumento de este importante agente es mi cuarto motivo para creer en un próspero año nuevo. Para mí, el aumento de la actividad en el sector privado de África confirma la realidad de que el continente está abierto al mundo empresarial. Las estadísticas así lo indican: 6 de las 10 economías mundiales de mayor crecimiento se encuentran en África, y el poder adquisitivo del continente supera actualmente los 1,3 billones de dólares anuales. Cuando se combine con la ayuda inteligente, la inversión empresarial será un potente impulsor de crecimiento y desarrollo. Incluso el semanario The Economist ha cambiado de cantinela y ha invertido su afirmación de hace una década de que África era un caso perdido, para pasar a denominarlo el continente prometedor. Sin dudas, África está dispuesta a hacer negocios.
Y mi último motivo de optimismo, aunque puede que no sea del todo riguroso porque aún no se ha conseguido del todo, es la erradicación de la polio. Desde enero, no se han dado casos de polio en la India. De seguir así, podría declararse a la India como país sin polio en 2012, por lo que se reduciría el número de países endémicos del mundo a tan solo tres.
Cuando se trata de cambiar el rumbo de las enfermedades y de la pobreza mundial, el recorrido es largo, más allá de crisis económicas puntuales.
En vez de vernos abrumados por titulares deprimentes, debemos reflexionar sobre el importante avance que se está logrando cada día para sacar a millones de personas de la pobreza, acabar con las enfermedades globales y convertir el mundo en un lugar más equitativo y próspero.
¡Feliz año nuevo!